jueves, febrero 23, 2017

Fortis doctor angelicum et daemoniacum


Me hizo muchísima gracia el sobrenombre que le pusieron, después de muerto, a fray Guillermo de Champeaux:
DOCTOR COLUMNA DOCTORUM.

Pero hay otros muy graciosos, los voy a poner en latín, porque las traducciones en este caso sí que pierden algo del sabor original.
-DOCTOR ACUTISSIMUS (Sixto IV)
-DOCTOR AMOENUS (fray Robert Cowton)
-DOCTOR ARCA TESTAMENTI (san Antonio de Padua)
-DOCTOR BEATUS ET FUNDATISSIMUS (fray Gil de Roma)
-DOCTOR BONUS (fray Walter Burley)

Hay otros más muy graciosos como el Doctor de las contradicciones, el Doctor difficlis, el Doctor emporium theologiae, el Doctor facundus, Doctor irrefragabilis.

Éste último me gusta mucho, así le llamaron a fray Alejandro de Hales. Pero el más divertido de todos los sobrenombres me parece que es éste: Doctor inter aristotelicos aristotelicissimus (fray Haymo de Faversham).


Yo para mi muerte no deseo absolutamente nada. Siempre he tenido la idea de no dejar la más pequeña indicación, salvo la de que usen todos los órganos que puedan para otras personas.

Lo que sí que he dicho muchas veces, es que echo de menos los preciosos sepulcros de otros siglos en nuestras nuevas catedrales e iglesias. Se me ha ocurrido una idea mientras escribía este post que se la tengo que comentar a mi obispo. Mañana la explicaré aquí. Por el momento, quedaos con la idea de lo de los órganos.

También se me ocurre de que como mi doctorado lo obtuve en el Ateneo Regina Apostolorum, un buen sobrenombre podría ser Doctor reginarum et apostolorum. Desde luego mucho mejor que Doctor diabolicus.

Qué preciosa foto episcopal, aunque lleve muerto cierto tiempo


Como bien habéis visto en el post anterior, en esto de bajarse del tren hay varias fases. La fase de elección del color el mármol es muy buena, porque significa que ya has superado todas las anteriores. Pero resulta imperdonable --menos mal que estáis vosotros allí-- que hubiera dejado a mis camaradas la tarea de buscar un epitafio. Seguro que hubieran encontrado alguno bien escogido a propósito con la idea de no dejarme descansar en los próximos siglos.

Conociéndoles, sin duda, hubieran buscado un epitafio tal que me obligase, como al padre de Hamlet, a aparecerme a algún canónigo o arcipreste pidiendo que sacaran esa frase de mi lápida.

Pero pienso en algún sobrenombre como los epítetos escolásticos. Algo sencillo sobre la piedra, una inscripción del tipo:

DOCTOR COLUMNA DOCTORUM.


Ahora hablando en serio, ése era el sobrenombre de fray Guillermo de Champeaux, un benedictino del siglo XI.

martes, febrero 21, 2017

Confutatis, maledictis, flamibus...


Hoy he visto las fotos del precioso Sarcófago de Alejandro Magno, por lo menos se le conoce con ese nombre. Qué maravilla de sarcófago. Hasta estoy pensando cambiar de idea y que no me entierren en el típico sepulcro catedralicio clerical. Esta tumba de piedra es una obra de arte tan equilibrada, tan perfecta. A estas edades, ya hay que empezar a pensar en el sarcófago.

Hubo una época en que me di cuenta de que tenía que poner orden en mis libros y dejarlos ya listos, indexar mi obra integral y todo eso. Después vino la época del testamento. Ahora estoy en la fase ya del sarcófago.

Me imagino que la última fase es la de dejar vacía la bandeja de entrada de Gmail. Aunque más allá todavía es cuando en la cama le pides a la última visita si, ya de paso, puede bajar por última vez la basura.

¡Quedan unos yogures en la nevera!, gritará desde la cocina. ¡Llevatelos! Debe dar gusto poder salir de casa, de la casa del cuerpo, dejándolo todo listo.

--Si mañana vienes y ya sabes… sin dramatismos, no pasa nada.

--Sí que pasa. ¿Quién acabará la XVI parte de Summa Daemoniaca?

--Vamos, vamos, hay que dejar algo para el más allá.­ Además, es tan bonito dejar una parte XVI inconclusa. Mira las últimas líneas las he escrito a mano, con líneas cada vez menos rectas. La última frase no está acabada y el último trazo desciende hacia abajo, como si mi mano se hubiera dejado caer sin fuerzas. Hasta el trazo aparece más tenue hacia el final.

lunes, febrero 20, 2017

Estuarda, Estuarda...


Querida Estuarda: Tienes razón. Como bien has dicho, soy demasiado duro conmigo mismo. ¿Pero cómo no serlo? Si sólo tenemos un poco de tiempo para acumular mérito, digámoslo así, de un modo rudo y simplista. ¿Cómo no ser duro? Si el nivel de felicidad depende de tan poco tiempo, y el tiempo perdido queda perdido para siempre. ¿Cómo no ser conscientes de esa pérdida irreparable? Sé que lo planteo de un modo demasiado egoísta. Pero toda la poesía del mundo no puede evitar, al final, la conciencia de esta realidad.

Es cierto que soy muy duro conmigo mismo. Pero también es cierto que esa dureza no me lleva demasiado a grandes propósitos de enmienda. Creo que esta tragedia es común a casi todos los cristianos. En mí este hecho simplemente es bastante más consciente, está más presente en mi vida. No puedo hacer una apología de mí mismo.


Estuarda, Estuarda… el último consejo que me das lo seguiría muy a gusto. Pero sabes que no debo. Hasta tú misma te das cuenta del dulce veneno de tus palabras. Hasta Borges te reprocharía que si sigues a Borges, sigas a Borges; y si sigues a san Juan de la Cruz, sigas a san Juan de la Cruz. Pero mezclar a Freud con santa Teresa de Jesús nunca ha dado buenos resultados.

domingo, febrero 19, 2017

Borges, si estás en los cielos (no lo dudo), ruega por nosotros


Hoy, a causa de un libro que estoy acabando de escribir, otra revisión de un antiguo libro, he estado leyendo y releyendo La lotería de Babilonia de Borges. Perdonadme que siempre insista en mis pasiones y os aburra con ellas. Pero la admiración por ese hombre humilde es uno de mis vicios más pertinaces y repetitivos.

Leer los diez o veinte mejores relatos de Borges siempre es gratificante. Oh, grandiosa densidad. Qué sobriedad en su escritura.

Me acuerdo la primera vez que leí La lotería: no entendí nada. No entendí adonde quería ir. ¿Qué sentido tenía aquel texto? Necesité madurar, años, para leer no sólo las palabras sino las palabras detrás de las palabras.

El comienzo del relato era contundente, invitador a la lectura:

«Como todos los hombres de Babilonia, he sido procónsul; como todos, esclavo; también he conocido la omnipotencia, el oprobio, las cárceles.»

Lo que seguía a esta línea era una de las obras más grandiosas que ha visto el siglo XX. Al principio no me gustó, porque lo comparaba con La Biblioteca de Babel, otra obra suya que me parecía épica. Fue el tiempo el que me hizo entender y quedé deslumbrado. ¿Cómo era posible tanta grandiosidad en un texto de tan pocas páginas?

Va a parecer irreal lo que voy a decir, pero estoy seguro de lo que voy a escribir: el actual Papa (cuando era un joven jesuita) lo invitó a su colegio, fue a buscar a Borges y éste le preguntó si podía afeitarle. ¡El actual Papa afeitó a Borges! 

Post Data: Yo jamás dejaría que un colega clérigo me afeitara con una navaja afilada. No por humildad u otra virtuosa razón, sino por desconfianza.

sábado, febrero 18, 2017

Qué bonitos son los sábados. Desde niño, siempre me ha gustado mucho este día de la semana.


El caso teórico que ponía ayer puede parecer imposible, pero todo puede llegar a suceder. Me acuerdo, hace años, que vi un documental (creo que fue de dos horas de duración) sobre Lyndon B. Johnson. Lo que nadie pudo prever ni imaginar en su carrera era que un hombre del sur como él, alguien que nunca se había destacado por defender los derechos civiles de los ciudadanos de color, alguien al que siempre se le acusó de haber hecho trampas en las elecciones al principio de su carrera política, cuando alcanzó la presidencia del país, luchó denodadamente por esos derechos civiles. Lucho tanto como lo hiciera Kennedy. Lucho como el que más por ellos y con un conocimiento envidiable de Washington y la política. Y es que, a veces, un hombre, al final de su vida, puede tener arranques de virtud nada previsibles.

Aunque no tenga nada que ver, hoy me he quemado cuatro dedos de manera tan grave que he pensado incluso si debía ir a urgencias del hospital. Afortunadamente, Dios ha puesto a mi lado una persona (que no viene casi nunca a la misa) que había pasado por otro caso de quemadura severa y que conocía de manera perfecta todos los protocolos de actuación. He pasado veinte minutos con los dedos en agua tan fría que apenas la podía aguantar. Y después una hora entera con los dedos permanentemente sumergidos en agua con mucho hielo. Después, me he aplicado, una y otra vez, aloe vera cada vez que se secaba sobre la piel. El resultado ha sido óptimo.


Debo agradecer también la actuación de dos personas que han corrido a la farmacia. Y una de ellas a su casa (que estaba lejos) para conseguir el aloe. De verdad que estoy muy agradecido a estos ángeles que me han acompañado. Sin ellos, sobre todo sin José Manuel, las secuelas sobre la piel de esos dedos podían haber sido permanentes para toda la vida. Gracias, Señor, que me has librado.

Ah, la foto. Sí, la foto. La he puesto, porque su cara me recuerda a la del típico catequista resentido al que el nuevo párroco le comunica que sus servicios ya no seguirán siendo necesarios en la parroquia.

viernes, febrero 17, 2017

Cuántas cosas se podrían hacer desde el Poder Absoluto ya perfectamente consolidado


Ayer me planteé una interesante cuestión teórica. Me imaginaba hablando con un presidente de una república exsoviética. Uno de esos presidentes que tienen todo el poder político, legislativo y judicial en sus manos. Por ejemplo, Nazarbáyev en Kazijistán. Y que yo le decía: “Tiene todo el dinero que un hombre puede desear. Su posición como Presidente está totalmente consolidada. Siempre suele ganar el 95% de los votos. ¿Qué podría hacer por su pueblo? ¿Qué podría dejarle para el futuro? Déjele una democracia modélica, déjele una Justicia envidiable, deje a sus ciudadanos un estado de derecho”.

Si después de varios meses de conversaciones, él me dijera: “Sí, quiero dejar eso a mi pueblo. Evidentemente, no quiero quedar expuesto a mis enemigos. Las cosas siempre se pueden ir de las manos. ¿Qué puedo hacer para no dejar el Poder, pero sin dejarlo democratizar el país?”.

Ésa fue la cuestión que me pareció muy interesante a nivel teórico. ¿Cómo se puede democratizar un país y, al mismo tiempo, mantener todos los poderes en tu mano?

Se me ocurrió que una solución podría ser esta: Mantenga todos los resortes del Poder en su mano. Pero cree ya en vida las estructuras más modélicas de tipo judicial y legislativo. Cree un Tribunal Supremo que sea perfecto. Con los magistrados más independientes y modélicos. Los cuales, a su vez, irán creando tribunales a imagen y semejanza del más alto tribunal.

Pero dígales a esos jueces que usted, hasta el último día, será judicialmente inviolable. Para el resto de las personas se seguirá este plan progresivo:

La policía podrá ser juzgada dentro de un año con la nueva Justicia. Es decir, se les instruirá acerca de lo que se puede hacer y no se puede en un Estado que respeta los derechos de los ciudadanos. Pero podrán quedar tranquilas las fuerzas de seguridad. Sólo se les juzgará de lo que hagan a partir de un año después del decreto presidencial. Para todos los posibles crímenes, delitos y faltas cometidas con anterioridad, se les seguirá juzgando según los tribunales y criterios que hasta entonces habían regido.

Dos años después, se podrá juzgar con la nueva justicia a los políticos. Para los crímenes, delitos y faltas cometidas con anterioridad, se les aplicará la Justicia anterior.

Tres años después, se podrá juzgar a las más altas instancias policiales y políticas, la cúpula del país, que hasta entonces había quedado exenta de la jurisdicción de los nuevos jueces.

Cuatro años después se podrá juzgar a los familiares del Presidente y a los más altos oligarcas.

Durante cinco años, el Presidente podrá conceder a cualquier ciudadano la conmutación parcial o total de las penas. Después de cinco años, el Presidente se comprometerá a no interferir con indultos en las condenas de los tribunales.

Durante esos cinco años, creará un Senado con los más prestigiosos e independientes juristas. Esos senadores propondrán leyes que tendrán que ser aprobadas por el Presidente. Pero el propósito es que el Senado ya vaya trabajando en su labor legislativa con total independencia y profesionalidad, en vida del Presidente. Para que cuando falte él, pueda seguir haciendo su función sin necesidad de que el nuevo presidente ratifique las leyes.

Por último, el Presidente creará una cámara de parlamentarios que sea realmente representativa de la nación. El Presidente podrá seguir gozando del 95% de los votos, pero se preocupará de que esos parlamentarios sean de verdad lo mejor de ese país y que representen todas las posturas e ideas razonables y constructivas.


Resultaría apasionante (por más que sea algo altamente improbable) que un Presidente con plenos poderes se dedicara en los últimos quince años de su vida a crear dos cámaras y un alto tribunal lo más perfectos posibles, que se consolidasen y que pudiesen echar a andar en cuanto él faltase.

Soy muy consciente lo difícil que es que esto suceda en ningún país del mundo. Pero sería formidable poder dedicarse a la tarea de crear esas instituciones desde el mismo Poder sin abandonar el Poder.

jueves, febrero 16, 2017

Os leo, aunque no siempre pueda contestar las preguntas de vuestros comentarios


He leído vuestros comentarios. Hoy no puedo menos que deciros algunas cosas a algunos de vosotros, porque habéis sido muy amables.

A Diego:
Cuando alguien como Diego me escribe las cosas que me escribe, siento que mi esfuerzo en producir Manzanas de Gomorra ha valido plenamente la pena. Muchas gracias. Aunque no lo parezca, los escritores online necesitamos ánimos. Los escritores que imprimen en papel son otro mundo. Las editoriales se encargan de hacerles sentir que su trabajo ha producido algo relevante. Pero los escritores online sólo tenemos como ánimo un contador, un frío contador, 665 descargas en Biblioteca Forteniana en el último mes.

Diana
Cuando he leído tus palabras:
Lo conocí en un congreso de liberación hacia el 2010 (más o menos). Realmente me impacto el final cuando en solo 10 minutos de oración de una forma solemne cada palabra llego con fuerza y poder a mí. Realmente salí ese día del congreso con una mirada nueva de cara a la vida.
Esto que me dices me lo han comentado más personas de más países. En realidad, no es mérito de mi persona, es la presencia del Espíritu Santo. Está allí y obra. He sido testigo de tantas acciones del Espíritu en ese tipo de congresos.

Alfonso
Alfonso me intriga. Me gustaría saber quién es, a qué se dedica, cuál es su historia con brevedad. Me envío una magnífica lista de erratas de uno de mis libros. Y entonces intercambié con él unos cuantos correos. Me quedé con ganas de saber más de él.
El cual hoy ha escrito:
No me gusta que llaméis santo al Padre Fortea… aunque el loor lo merezca… porque temo a la vanidad
Tranquilo, Alfonso. Soy la persona más humilde del mundo.

Para acabar:
Ahora hablando en serio, llevo varios días que lo que más le digo a Dios, con todo mi corazón, es que le doy gracias por haberme permitido trabajar de sacerdote un día más. Los libros son verdaderamente una vocación dentro del vocación. Una vocación que amo y disfruto y que trabajo con pasión. Pero primero de todo está mi sacerdocio.

Post Data:

Mi mejor obra es esa obra que forma una unidad Historia del mundo angélico-Las corrientes que riegan los cielos. Dos libros que forman una sola obra y que la considero el pináculo de todos mis libros.

miércoles, febrero 15, 2017

Confutatis, maledictis




























Los que leéis mis posts desde hace años os pido que no saquéis la impresión de que me considero perfecto, puro, sabio, ingenioso y modélico. Me gustaría pensar que los años me han hecho más humilde. Pero ni siquiera pienso que sea así.


De lo único que estoy plenamente convencido es de la vanidad que supone todo trabajo humano que no sea el trabajo directo con las almas.

No sé si he llegado a ser sabio. No, seguro que no soy sabio. Pero he llegado, eso sí, ha ser comprensivo. Comprensivo con la mediocridad eclesiastica. Y ser comprensivo es una forma de sabiduría.

A veces me siento como un pobre Salieri al lado de una docena de Mozarts. Me gustaría pensar que les sobreviviré. Pero mi colesterol y mi médico piensan que en este caso no será precisamente así. Siempre queda la posibilidad de hacer una larga e inacabable confesión a un pobre cura joven que escucha asombrado hasta que llegan dos esbirros que te dicen que te llevan al baño semanal. Dos esbirros que te sonríen, pero que sabes que no van a admitir un no.

Sería maravilloso escribir los mejores, los más inspirados, los más formidables, pasajes de un suplemento a Summa Daemoniaca en mi lecho de muerte, mientras Müller va escribiendo a toda prisa a mi dictado, pidiéndome explicaciones, glosas, pidiéndome que no pare, que no me muera hasta acabar tal o cual capítulo.


O mejor todavía, Müller escribiendo a un lado de mi lecho final, y Burke escribiendo al otro lado. Afanados en dos mesitas en escuchar mi dictado genial y delirante. Y encontrándose a la postre con dos versiones antagónicas como colofón a mi Summa Daemoniaca. Y pidiéndome, exigiéndome, que aclare ciertos dubia. Mientras yo con un hilo de voz y una sonrisa me despido de ellos con una mirada que se adentra en el contenido de mi Summa.

martes, febrero 14, 2017

La cosa más terrible en este mundo















Hace un tiempo, un comentarista me preguntó mi opinión sobre la serie The young Pope. ¿Qué sucedería si llegara al solio de Pedro un Papa incluso peor que el actor de esa serie? ¿Qué sucedería si nuestros peores temores se hicieran realidad?

Indudablemente, habría colaboradores que en la más estricta intimidad le preguntarían: ¿Pero no tiene temor a que Dios le castigue? ¿Pero no tiene miedo por jugar con lo sagrado?

Efectivamente, si un joven juega con el demonio, acaba siendo picado por una de esas serpientes espirituales. Si uno juega con Dios, acaba cayendo sobre él la Mano de Dios con todo su peso.

La estructura jerárquica de la Iglesia ha sido diseñada para evitar las luchas de poder entre los elementos jerárquicos que la componen. Está diseñada para evitar que las luchas seculares de los reinos de este mundo se trasladaran a la Santa Iglesia.

Por ejemplo, y no es un ejemplo cualquiera, es el caso por antonomasia: ni el concilio universal puede deponer a un Papa. Si un concilio universal pudiera hacerlo, en cada pontificado habría siempre un cierto número de personas (pocas o muchas) que estarían dando la murga con ese asunto año tras año. Eso significaría que en cada pontificado tendríamos presiones y campañas para lograr la deposición. Por Voluntad Divina, esa posibilidad no existe.

Cualquier puerta que se hubiera abierto a modo de excepción, todos los descontentos, en cada pontificado, hubieran alegado que era necesario abrirla. Esto es como el divorcio, si se permite para un caso excepcional, todos los que quieren abandonar a su cónyuge alegarán que ése es su caso.

Por eso en la Iglesia, a diferencia de los ordenamientos constitucionales de los estados, no hay este tipo de cláusulas para los estados de excepción. Los asuntos turbios en la cúspide misma de la autoridad sagrada son resueltos por Dios mismo, directamente. Los asuntos de Pedro los trataba Jesús con él directamente, mientras estaba sobre la tierra. No se reunían los apóstoles al modo de un congreso democrático ni de un politburó soviético. Desde un punto de vista del derecho constitucional, el colegio apostólico y el colegio cardenalicio son realidades sui generis, distintas a los órganos de gobierno de cualquier realidad secular.

Cristo ahora no camina visible sobre la tierra, pero sigue tan presente como en la época del Evangelio. Y cuando decide castigar, nada ni nadie puede evitar que el castigo se produzca en la medida, modo y tiempo decretado.

Así que ésa es mi opinión sobre The young Pope: En una serie de televisión todo puede ocurrir sin ataduras ni límites. En la realidad, ay de los que juegan con Dios, porque nada es más terrible, incluso en este mundo, en esta vida, que la Ira de Dios.

lunes, febrero 13, 2017

We are all God´s fools



Volviendo al vídeo de ayer, vídeo fascinante, en una sociedad totalmente cristiana, en una sociedad donde, desde el último mendigo hasta el rey, desde la más anciana prostituta hasta el más joven marinero, todos son fieles hijos de la Iglesia, los clérigos eran juzgados sólo por los clérigos.

Porque se consideraba que la persona sagrada sólo podía ser juzgada por aquél que tenía autoridad espiritual sobre él. Impresionante el respeto medieval a lo sagrado. Las personas sagradas sólo podían ser juzgadas por personas sagradas. Lo material no podía levantar su mano contra lo espiritual. La autoridad civil no podía hacer nada contra la autoridad espiritual.

Qué grande es la potestad sobre los misterios sagrados, qué grande la autoridad sobre las cosas relativas al Reino de los Cielos. En un mundo así, los obispos deberían ser colosos en el espíritu. Hombres de otro reino (el de los cielos) en este reino (el de los hombres).


Desgraciadamente, entonces y ahora, no se escogió a colosos en el espíritu. Y ese inmenso capital de fe se fue dilapidando, se fue deteriorando. Y, al final, esos representantes de Dios no sólo no fueron respetados, sino perseguidos. No sólo no se les vio con los ojos de la fe, sino con los ojos del odio. Cuánta acumulación de culpa y negligencia por nuestra parte, la del clero. La historia actual es el resultado de muchos errores.

Somos culpables, en cierto modo, de las grandes guerras, de todas las guerras. Si nosotros hubiéramos hecho bien nuestra función, Europa se hubiera convertido a Jesucristo y nunca hubieran tenido lugar esas carnicerías. Si nosotros hubiéramos hecho bien nuestra función (me incluyo totalmente, de corazón), hubiéramos desviado la Historia, los caminos de los reinos humanos hubieran sido otros. Miserere mei, Domine.

sábado, febrero 11, 2017

Sheate your sword, envaina tu espada


Hoy he recibido una consulta de una persona a la que estimo y de la que conozco la bondad de su corazón. Me decía lo mucho que le costaba perdonar a los que asesinaban y torturaban a los cristianos en lugares como Siria. Me preguntaba qué podía hacer.

Hace tiempo escribí en un post que en el terrorismo el autor del mal es la verdadera víctima de sus actos. Es cierto que aquí se puede hacer mucho daño, muchísimo. Pero si supiéramos lo que es la Justicia Divina, entenderíamos que la verdadera víctima es el que hace sufrir. La víctima será consolada. No voy a repetir lo que escribí entonces. Pero sí que hay una escena de una película en la que se deja ver esto que he dicho.

Es en la película Becket cuando el barón le dice:

Baron: Becket! You are a liar. You are a traitor!
[draws his sword on Becket]

Thomas a Becket: Sheathe (envaina) your sword, Morville, before you impale your soul upon it!

Esta escena impresionante se puede ver en el minuto 2min. 20sec. de este link:


En esa escena está condensado lo que te quiero decir. La misma escena en la versión en español es igual de formidable (0 min. 43sec):


Las fotos de arriba son sólo para daros ideas para hoy para la cena.

viernes, febrero 10, 2017

Hoy ha sido un día normal en el hospital donde tengo la capellanía






Os aseguro que de ningún modo hoy iba a escribir sobre Amoris Laetitia. Pero tras la cena me ha venido un pensamiento que creo que es muy luminoso para todos los posts de fructífero diálogo que hemos tenido desde hace varias semanas.

Estaba pensando que el Evangelio es un mensaje que lleva a la pureza de corazón, a la castidad, al dominio de las pasiones. Eso es innegable. Porque es un mensaje que lleva, incluso, al sacrificio y a la Cruz.

Ahora bien, sin negar eso, sin negar ni una sola palabra de eso, ¿cuánto espacio dedica Jesús a hablar de cuestiones de lujuria, del sexto mandamiento y similares? Hemos de convenir que muy poco espacio en sus cuatro evangelios. Nuestro Maestro en sus enseñanzas insiste más en lo que quiere insistir, repite lo que quiere repetir, recalca lo que quiere recalcar. Me parece que nosotros, sin darnos cuenta, hemos insistido más en unos asuntos que en otros.

Sin duda, Aquél al que seguimos nos insistió más en el tema de la limosna y de los pobres que en estas cuestiones. Me parece muy lógico eso, porque he conocido a personas de las que no tengo ninguna duda que eran castos como un pino, pero duros con el prójimo como un inquisidor, egoístas que hacían sufrir al prójimo. Esto lo he visto. También he visto a individuos que no vivían en gracia de Dios respecto al sexto mandamiento, pero que eran buenos con el prójimo y muy religiosos. Esto también lo he visto.

Que Dios bendiga al Papa y lo guarde de todos sus enemigos.

Dominus conservet eum, et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra, et non tradat eum in animam inimicorum eius

De profetas y obispos: tratando de pesar (con respeto) algunos misterios de Dios en la balanza de la razón


De los textos bíblicos aducidos por Luis Ángel, se deducía la respuesta. Efectivamente, es más grandioso el ministerio de un obispo que el de un profeta. El obispo actúa directamente en las almas. El profeta sólo era (o es) un mensajero. El obispo actúa con autoridad en la Casa de Dios, actúa como un administrador del Nuevo Pueblo. El profeta, de nuevo, sólo es un mensajero.

Siguiendo la doctrina de II Corintios 3, uno es un ministerio de la letra (el del Antiguo Testamento) y el otro lo es del Espíritu (el del Nuevo Testamento), el nuevo ministerio actúa directamente en los espíritus. El primer ministerio fue glorioso, pero mucho más el segundo, dirá san Pablo.

El ministerio de Moisés fue mucho más espectacular que el de cualquier obispo o Papa. Pero aunque el ministerio de los ordenados in sacris es menos espectacular, pero más profundo.


La comparación entre profeta y obispo veo con claridad ofrece un ministerio más grandioso en el caso del obispo. Pero hay que reconocer que Moisés, además de ser profeta, fue administrador en el pueblo de Dios, administrador y guía. Cierto que le faltaron los sacramentos, pero las obras grandiosas que se realizaron por su mano fueron tan inmensas que obraron tanto bien en las almas como podrían obrarlo los sacramentos. Así que me atrevería a sospechar que el ministerio de Moisés fue más grande que el de los obispos.

miércoles, febrero 08, 2017

Mi infancia fue de lo más normal


¿Qué es más ser profeta como Moisés o ser vicario de Cristo como el Papa? Ya sé que son cosas distintas. Pero ésa es sólo una parte de la respuesta. Algún comentarista ha pensado que plantear esa pregunta era un sinsentido y hasta una cierta manifestación de ignorancia. Pero el mismo Jesús planteó una cuestión parecida al comparar a los nacidos de mujer con los pertenecientes al Reino.

Vayamos por partes para analizar la cuestión planteada. Moisés fue un profeta y el Papa no lo es en el sentido auténtico y original de la palabra. Alguno dirá que lo es en un sentido amplio y derivado. Permitidme que no me detenga a analizar esta afirmación en la que podría detenerme con mayor extensión, analizando Dt 18, 21-22.

En el Papa puede haber una inspiración del Espíritu Santo: puede, ya que no está siempre inspirado. En un profeta hay una comunicación de Dios. No es lo mismo inspiración que comunicación a través de locuciones, sueños o visiones.

En ese aspecto el profeta tiene un carisma extraordinario que supone una elección no ordinaria. (Usaré la palabra “carisma” como sinónimo de don extraordinario.) En la Iglesia, tanto el ordenado in sacris como el Papa tienen un don ordinario que se otorga a través de una elección ordinaria.

El profeta recibe sus dones directamente de Dios, sea de profecía, sea de hacer milagros. El eclesiástico recibe sus dones a través de los hombres. En el profeta, el proceso es directo. En el obispo, es mediado. Hasta la misma elección papal es mediada a través del cónclave. La elección divina para ser profeta no es mediada, no interviene la mano del hombre. Esto también requeriría matices provenientes de algunos episodios bíblicos, en los que no voy a entrar ahora para ir más ligero.

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿qué es más grande en el campo de los dones: ¿el carisma o el don del sacramento del orden? ¿El don de profecía y de hacer milagros, o el don de los siete sacramentos? Desde luego, hace más bien al alma de los hombres el don carismático ordinario del sacramento del orden. Porque el sacramento orden otorga la posibilidad de actuar directamente en el alma. Mientras que el profeta actúa en el mundo externo, sea con la profecía o el milagro.

Así que pienso que el don profético es más sorprendente a nivel externo, pero el don episcopal es más noble a nivel interno, a nivel del espíritu. Y, por tanto, es más grande.

A nivel del pastoreo, parece más noble guiar al Pueblo de la Nueva Alianza que al de la Antigua. Pues es más noble guiar a los deben ser más nobles por los sacramentos. Es más alto guiar a los que deberían ser más altos por la irrupción del gracia.

Así que en ambos aspectos (tanto el del don como el del encargo, es decir, el pastoreo) parece que es más noble ser Papa que ser un Moisés o cualquier profeta subsiguiente. Si tengo razón, se cumplirían las palabras de Jesús acerca de que el más pequeño en el Reino de los Cielos


Aun así, os he expuesto razonamientos. Puedo estar equivocado, lo admito. Leeré lo que tengáis a bien escribir. Es un tema interesante, solo quería reflexionar en voz alta.

martes, febrero 07, 2017

No a una moral evanescente



(La foto no tiene nada que ver con el título. Ya dije mi opinión sobre el primer cardenal, al segundo le conozco menos.) La ley moral existe en toda su radiante verdad, en toda su perfecta objetividad. La ley moral, perdonad lo que os voy a decir, no puede ser cambiada ni por el Altísimo. El Todopoderoso conoce las leyes de la moralidad, no las crea. Las cosas son buenas o malas, mejores o peores, torcidas o heroicas, en sí mismas, no porque lo diga Dios. No sería un avance la delicuescencia de esas leyes.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define así la palabra “delicuescencia”: Dicho de una sustancia: Que tiene la propiedad de absorber la humedad del aire hasta formar una disolución acuosa.
Esta definición me parece toda una referencia teológica. La belleza, verdad y objetividad de la moral no puede absorber la fragilidad, las pasiones, la debilidad de los humanos.

Pero mi defensa de la ortodoxia moral no es obstáculo para entender, comprender y ponerme en la piel de otras personas que no piensan como yo. Aquí se ha hablado de diálogo, comprensión y benignidad, no de cambio de las leyes morales.

Fruto de esta escucha de los otros, tenemos que reconocer que en el pasado algunas personas han vivido la moral sexual como una opresión. No digo que los mandamientos de Dios lo sean. Sino que algunos han vivido la Ley así, de esa manera. Y que la única salida que han visto a esa situación ha sido romper totalmente con la religión. Precisamente si se insiste de un modo indebido en la unidad, en el todo o nada, se puede abocar a la persona a ese dilema.

A esos que ser marcharon de la casa paterna (la Iglesia) yo les hubiera dicho: “No puedo darte permiso para tal cosa, porque no tengo tal capacidad. Pero si tuviera esa capacidad te diría: Vive la sexualidad como quieras y sigue a Jesús, ama a la Iglesia, honra el Nombre Dios cada domingo en la misa. No te vayas. Continua dentro, aunque sea así”.

Mejor es seguir a Dios cojeando que darle la espalda a todo. Mejor es seguir mal a Jesús que no seguirle en absoluto o crearse una “iglesia” humana a medida. Amoris Laetitia, insisto, puede verse como una aportación que viene de lo alto. Habrá que perfilar detalles, habrá que solucionar perplejidades, pero convendría leerla de nuevo, pero esta vez sin la escopeta cargada. Convendría leerla de nuevo, pero esta sin hacerlo a la búsqueda de errores, sino preguntándose: qué me puede estar diciendo Dios a través de su vicario.


Post Data: Mañana tal vez, sólo tal vez, trate una interesante cuestión que dejo aquí para leer vuestros comentarios. ¿Qué es más, ser profeta como Moisés o ser vicario de Cristo como el Papa? Ya sé que son cosas distintas. ¿Pero creéis que una es más noble que la otra? Me gustará leeros. 

lunes, febrero 06, 2017

Algunas personas tienen sobre su cabeza una corona de pureza y castidad


No sé quién aconseja al Papa -cuando se comienza una frase así, suele ser para añadir una crítica-, pero quiero decir que me ha parecido A-CER-TA-DÍ-SI-MO el que alguien le sugiriera lo bueno que sería grabar un mensaje para la Superbowl de Estados Unidos. Es una idea fantástica.


Sus palabras son tan breves como buenas. Otro tanto para el Vaticano. Lutero debe estar revolviéndose en su tumba. (Es una broma.)

Un comentarista, Cosmicón, señalaba una frase mía para criticarla: En todo caso, lo que había que hacer era hacerles (a los homosexuales) más llevadera esa cruz.

Tras leer esa línea en su comentario, me di cuenta de que había que cambiarla. Ya ves, Cosmicón, has provocado un cambio en el texto de uno de mis libros. Ahora la frase queda así.
En todo caso, lo que todos teníamos que hacer era hacerles más llevadera la vida con esa tendencia.

Como escribía ese comentarista, el demonio está en los detalles. Sí, es cierto, totalmente cierto.

Y es que habrá personas, heterosexuales u homosexuales, que no se sentirán mal por llevar una vida alejada del ordenamiento moral. Si alguien me preguntara: Padre, ¿puedo seguir en todo las enseñanzas de Cristo y seguir con mi vida sexual no monógama y carente de restricciones?

Yo le contestaría que no me tiene que pedir permiso, porque yo no puedo darle permiso. El Evangelio son las enseñanzas de Jesús. Uno las escucha y las aplica, todas o en parte. Se puede uno aplicar a cumplir todas imperfectamente o a cumplir algunas muy perfectamente. Pero yo no impongo nada ni doy permiso para nada. El Evangelio no es una imposición. La ley moral debe brillar por su verdad, y los hombres deben ser animados a acoplar sus vidas por esa razón. Es un error plantear el Evangelio como imposición. Ni lo es ni debe ser planteado como tal. Cuando eso se hace se desnaturaliza, aleja y no atrae.

Cierto que el quebrantamiento de la ley moral cuanto mayor es, más consecuencias conlleva para la persona. Consecuencias malas cuando se hace lo desordenado. Consecuencias buenas cuando se hace lo recto.


El Papa Francisco ha sido muy criticado. Dios habló a través de Moisés como profeta. El Papa Francisco interpreta a Moisés hoy y ahora. ¿Cómo hay que aplicar a Moisés aquí, en este momento? 

Somos pobres seres humanos en el borde una galaxia que flota en un universo oscuro y frío: si nos equivocamos, equivoquémonos por un exceso de misericordia.

domingo, febrero 05, 2017

Más sobre lo de ayer


No imaginé ayer, cuando escribí el post a vuelapluma, sin apenas revisar lo redactado, que iba a provocar tantas pasiones, entusiasmos y argumentos; y algo muy bueno: diálogo.

Cada día no leo todos los comentarios, por eso y otros días me perdonaréis si no cito a alguien que realmente aportó algo muy bueno, incluso mejor que el post. Lo digo completamente convencido.

Un comentarista tenía mucha razón, eso lo comprobamos todos los curas, que mucha gente (la mayoría) se aleja de la Iglesia por la cuestión de la moral sexual.

Cuántas veces he pensado cómo cambiaría la relación de la gente con la Iglesia si los mandatos sobre el sexo fueran un consejo, un ideal, incluso, sólo pecado venial. En Manzanas de Gomorra explico las razones por las considero que eso no es posible.

Ahora bien, dentro de la misma moral, dentro de los mismos mandamientos divinos, dentro de la misma Biblia, se puede replantear todo de un modo más benigno, más positivo, más humano. Ya sé que el propósito de la religión no es hacernos más humanos, sino más divinos. Pero la humanidad con que tratemos estos temas repercutirá siempre en algo positivo, no en el indiferentismo o el laxismo. ¿Es posible multiplicar por cien nuestra humanidad al tratar esto, y abrazar al mismo tiempo abrazar con mayor fe todavía las pétreas tablas de Moisés? No tengo la menor duda.

Podemos venerar más el Magisterio, leerlo otra vez con la seguridad de que allí aletea el Espíritu Santo; y al mismo tiempo podemos amar más al ser humano concreto con su carga de desviaciones del plan ideal e, incluso, aunque ni siquiera se arrepienta. No amamos sólo a los que se arrepienten.

La evolución de la moral anglicana de los últimos cincuenta años ha sido apasionante. Y no sólo de la moral, también de la teología dogmática. Apasionante, llena de profundidades. ¿Creo que es la verdad? No. La pétrea y férrea teología y moral católicas son las que están de acuerdo al Magisterio. Y estoy seguro de que el Espíritu Santo está detrás de las encíclicas.

Pero eso no es obstáculo para no darse cuenta de los aspectos positivos, interesantes, de la teología de unos hermanos en Cristo que están en comunión con nosotros. Algunos se echarán a la cabeza ante lo que digo. Pero el cardenal Ratzinger era defensor de esta postura abierta, dialogante, apreciadora de los razonamientos de los otros.

Al final, se puede vivir la fe como un Torquemada actual, creyendo puntualmente todo y quemando verbalmente herejes. O se puede vivir la fe como el teólogo Ratzinger, creyendo puntualmente todo, pero yendo a rezar las vísperas conjuntas con los anglicanos a Westminster; y dejando que las presida el arzobispo anglicano. Y el Papa no estaba allí de testigo: estaba participando.


Ojo, ojo, hay versiones actualizadas de Torquemada. Y hay versiones actuales de san Francisco de Asís; si no en la santidad (era única), al menos sí en ese espíritu. 

Ah, una cosa más: la violencia verbal (incluso en un comentario a un post) es manifestación de una tensión interna del corazón. No los borro casi nunca, para que nos hagamos conscientes de que también existe esa agresividad, ese rechinar de dientes.

sábado, febrero 04, 2017

Reflexiones


Muchas gracias Alfonso, porque por fin he podido ver más de cerca los detalles (apasionantes) del altar de bronce de la catedral de Colonia; y mira que lo había intentado. Sin ningún tipo de retintín, os digo que Alfonso se ha convertido en faro y guía de este blog. Fijaos en que el altar que había en el Templo de Jerusalén era de bronce. Y el artista ha colocado un pájaro en este altar como recuerdo del salmo en que los gorriones han puesto su casa en los altares de la Casa del Señor. El altar de Colonia tiene una parte que está abierta y se ve lo que hay detrás. Hay que recordar que el altar de bronce de Jerusalén tenía una rejilla sobre la que se colocaban los holocaustos.

Cambiando de tema. Hoy reflexionaba en lo apasionante que es para la moral (y la literatura) el tema del sexo. Una fuerza poderosa que quizá sea la más sencilla de explicar del mundo: se explica por sí misma. Nunca se puede ser duro con el que se deja arrastrar por esa fuerza. Ante ese hecho sólo cabe la comprensión. Siempre me ha resultado misterioso cómo la aparición de ese hecho desordenado puede ser obstáculo para todos los demás aspectos de la relación con Dios y de la religión en general. Es así. Pero justamente eso sí que es misterioso: esa conexión, las implicaciones, entre uso del sexo y la religión.


Cuántas veces he pensado si no sería mejor una visión de este tema como la de los anglicanos. Me someto a la moral de la Iglesia, pero cuántas veces no me ha venido a la mente tal cosa.  

La Biblia nos lleva a la castidad, a la pureza, al ayuno. Pero no nos olvidemos que no son las obras las que nos salvan.